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CONDOR ANDINO
El señor de los Andes



Por © Belén Etcehagaray / FNA
Fotografías © Alejandro Zeballos, Florencia Jorba y Bioandina


© Florencia Jorba / FNA

El cóndor andino (Vultur gryphus ) no nació para cazar, atacando animales vivos muy eventualmente. Estos pecadillos circunstanciales bastaron para que se ganara el odio de los ganaderos quienes lo acusan de "bicho dañino", con más prejuicio que razón. A esta amenaza se le suman su baja tasa de reproducción, las transformaciones a la que está expuesta su hábitat, la sustancial disminución de las especies silvestres y domésticas de las que se alimenta, el ser tomados como blanco de inescrupulosos cazadores y el envenenamiento por ingestión de carroña envenenada, son sólo algunas de las causas que explican porque esta magnifica ave esta al borde de la extinción a pesar de la protección legal de la que goza.

Países como Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia, han sufrido una disminución marcadamente significativa. Afortunadamente, desde 1991 un equipo de biólogos del Zoo de Buenos Aires, está realizando una interesante experiencia criando pichones para reintroducirlos en sus ambientes naturales que, sin dudas, ayudará a que el cóndor andino vuelva a volar en los lugares en donde desapareció.
En la naturaleza, una pareja de cóndores pone un huevo cada dos o tres años. En cautiverio, mediante la técnica de puesta múltiple implementada por los especialistas, se logran varias puestas anuales. De esta manera, se logra optimizar el ciclo reproductivo natural de esta especie.



© Bioandina



Una vez retirado el huevo, se lo incuba durante dos meses en el Centro de Incubación Artificial del Zoo de Buenos Aires, donde se sigue su desarrollo con mucho cuidado hasta su nacimiento. Cuando el pichón pica la cáscara para nacer, es asistido por profesionales para minimizar los peligros de esta etapa.
Una vez nacidos, son alojados en nurserys especiales donde no tienen contacto con la presencia humana. Durante los dos meses siguientes, se lo alimenta y asiste utilizando títeres de látex que se constituyen en sus padres adoptivos para asegurar el reconocimiento de su especie y a través de ellos se los alimenta, cría y ofrecen los cuidados necesarios.


© Bioandina



Aproximadamente al año de vida, pasan al recinto externo; en él, y en compañía de cóndores adultos que cumplen el rol de maestros, permanecen hasta que hallan completado el plumaje juvenil, donde son trasladados a la plataforma silvestre de liberación.



© Bioandina



Antes del esperado momento, se les coloca en sus alas transmisores satelitales para poder monitorear el desarrollo y la adaptación al medio. Así, se conocen nuevos aspectos biológicos y de comportamiento que ayudan, a tomar otras decisiones para la conservación de estas fabulosas aves.

© Belén Etchegaray/ FNA

 



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