Técnica
FOTOGRAFIA NOCTURNA


Por © José Benito Ruiz

La búsqueda
Afrontar la fotografía con ciertas garantías de éxito supone invertir una gran cantidad de tiempo y esfuerzo en hacer localizaciones. La búsqueda de encuadres es parte de la clave de una buena imagen. Una vez localizado el encuadre, debe determinarse cuál o cuáles serán las mejores horas de luz para acudir con el equipo fotográfico y la óptica u ópticas idóneas para la toma.
Localizar escenarios para las fotografías nocturnas es más complicado de lo ordinario, al influir un mayor número de factores, pero con algo de práctica puede convertirse en un reto realizable. En este tipo de fotografía nada debe quedar al azar. Reloj, linterna, pilas, carretes, cámaras y objetivos, trípodes, flashes, cables disparadores, mapas, etcétera; todo debe quedar ordenado y preparado para cada sesión. De no ser así puede resultar que de noche no encontremos la localización, o bien que tras un par de horas de conducción hayamos llegado tarde para plasmar la luz que queríamos, o bien que hayamos olvidado algún componente esencial del equipo. Tratar de ser metódico en la preparación del equipo, en las mediciones de cada toma, en cada detalle de la localización, evita sinsabores y fracasos. Ya hay suficientes factores aleatorios en la propia noche (aparición de nubes, frío, dificultad para orientarse, ver y caminar...) como para dejar cabos sin atar. Al principio, hasta que podamos calcular los tiempos de exposición a ojo, será muy útil anotar en una libreta todos los datos que podamos referidos a las fases lunares, las horas, diafragmas utilizados, focales de los objetivos y los tiempos de exposición.

En cuanto a la fauna nocturna, nuestros únicos aliados son la documentación sobre la especie a la que vamos a fotografiar, un gran respeto por la misma y mucha paciencia. El resto debe ser trabajo de campo y un equipo fotográfico fiable. Hay animales que se alteran notablemente por el destello de los flashes. Otros son tan rápidos o sigilosos que precisan del uso de trampas fotográficas (de pisar, de tirar de presa...) o barreras de haces de luz infrarroja o láser para activar la cámara.
Ante el arduo trabajo e inversión que supone afrontar la fotografía de cualquier especie nocturna, debemos ser extremadamente previsores y cautos. Lo más difícil es, sin duda, localizar el nido, posadero, madriguera, senda o lugar que el animal suele frecuentar o al que queremos atraerlo. Una vez que hemos dado con el individuo a fotografiar tenemos la mitad del trabajo hecho, sobre todo en estos tiempos en los que la fauna se ha visto afectada por innumerables problemas y muchas especies se han rarificado o escasean hasta límites insospechados.


El equipo
Los equipos propuestos a continuación son sugeridos. No deben ser considerados como mínimos para afrontar el trabajo profesional, ni tampoco como estrictamente lo que hay que llevar. De hecho hay muchos fotógrafos, entre los cuales me incluyo, que llevan mucho más equipo (por lo que pueda pasar).
El equipo mínimo que utilizo para fotografiar paisajes nocturnos es el siguiente: dos cámaras, preferiblemente manuales, que permitan exponer en posición B y con disparador con enganche para cable; cables disparadores robustos con bloqueo de exposición; objetivos angulares de 20 a 35 mm, estándar de 50 mm y tele corto tipo 75 a 100 mm (donde los diafragmas deben abrir como mínimo a f/2'8); trípodes robustos; y por último un flash con teleflash.
Para fotografiar fauna hay varias modalidades. Siempre es preciso conocer la focal que vamos a necesitar y disponer de un mínimo de dos flashes. Resulta muy práctico si ambos tienen célula fotosensible incorporada, cabezal con zoom y una potencia similar, con número guía superior a 45. Los flashes suelen dispararse en manual o bien en TTL si es uno sólo. Dado que las tablas de exposición que incorporan los flashes no son del todo fiables, podemos utilizar al principio un flashímetro. En muchos casos, ante la escasa visibilidad y los agudos sentidos de los sujetos que queremos fotografiar, resulta imprescindible una barrera sensora que dispare el equipo. Las trampas fotográficas permiten al fotógrafo ausentarse, con lo que se incrementa las posibilidades de éxito. Según el grado de sofisticación del equipo que manejemos podemos incorporar un sistema de vídeo para controlar el equipo y el encuadre. La cámara debe ser de tamaño muy reducido y debemos marcar su posición vertical correcta para evitar ponerla inclinada. En un vehículo alejado hasta 500 metros de la localización podemos ubicar el receptor de onda o cable y enchufar un monitor.

Entre los accesorios del equipo para fotografía nocturna entran elementos como el reloj, la linterna, pilas de repuesto, cables disparadores de repuesto, nivel de burbuja para asegurar la horizontalidad, brújula, más equipo fotográfico, etc.

 

 

La fauna nocturna
En el caso de querer fotografiar animales al rececho o bien incluirlos en exposiciones con estrellas, nuestro principal problema es que los localizaremos en un medio y condiciones en los que ellos son muy superiores. Personalmente no he utilizado visores nocturnos salvo de prueba, y por tanto no puedo recomendar o desautorizar su uso, pero es muy importante que el aparato esté dotado de un sistema de seguridad de corte ante una luz imprevista. Una linterna, aunque no tenga gran potencia, nos ayudará mucho para localizar mamíferos poco asustadizos, como las cabras montesas y otros ungulados, que en algunos lugares se muestran confiados. El brillo de la fóvea de sus ojos, aún con luces de baja intensidad, los delatará.
No acaba el problema en la localización, ya que, salvo el caso de equipos muy perfeccionados o de condiciones de luz de luna excepcionales, enfocar puede ser una tarea casi imposible. Para ello un buen sistema consiste en fijar un puntero láser (su luz alcanza varios kilómetros) sobre el animal o el entorno inmediato (una roca sobre la que descansa, una rama próxima). Enfocar la luz del láser resulta más fácil y ésta es más discreta que iluminar toda la escena con focos potentes, con lo que el animal se vería deslumbrado y alteraríamos sin duda su comportamiento. Además de la ética de no causarle perjuicio alguno, la luz de baja intensidad nos permite fotografiar sin despertar un inmediato impulso de huida.
Hay que tener muy en cuenta que los teleobjetivos captan mucha más luz de noche que los angulares, por lo que los tiempos de exposición se reducen mucho. Con luz de luna llena y alta en el horizonte, con un 300 mm, a diafragma de 2'8 y con película de 100 ISO, el tiempo de exposición puede ser de menos de dos minutos, dependiendo de otras variables. Es difícil que el animal no se mueva en absoluto en ese espacio de tiempo; por ello hay que perseverar. Muchas especies, una vez descubiertas, permanecen estáticas, observando atentamente nuestros movimientos. Este comportamiento juega a nuestro favor.
Para fotografiar a un animal incluido en un paisaje debemos comenzar por determinar la exposición general y luego atraer al sujeto a una zona en sombra del encuadre. Una vez allí la trampa disparará un flash que lo iluminará adecuadamente y congelará su movimiento. Si el animal no estuviera en una zona de sombra densa, la luz de la luna impresionará el paisaje, el fondo aparecerá a través de él en cuanto huya, y tendrá el aspecto de un fantasma.
Hay animales que se mueven en la noche de forma tan rápida o sigilosa que se hace necesario el uso de trampas fotográficas. Hay varios sistemas para que el animal se haga a sí mismo la foto, es decir, dispare la cámara o los flashes (en caso de haber dejado la cámara en posición B). Las trampas de tipo mecánico precisan de la intervención directa del animal, que debe pisar una platina o bien tirar de un cebo, para activar el sistema. Este tipo de trampas precisa de gran habilidad para camuflar el mecanismo que las acciona, pero fueron muy utilizadas antaño hasta la invención de las barreras.

Las trampas de tipo electrónico se basan en barreras de haces de luz infrarroja o láser para activar la cámara. Cuando el animal cruza el haz cierra un circuito y el sistema se acciona. La barrera dispara la cámara o los flashes. La barrera puede ser instalada en lugares de paso, de reproducción —con las debidas precauciones— o bien en otros a los que se atrae al animal mediante un cebo (que puede ser alimento, un reclamo o bien un cebo de olor). Las barreras sirven para fotografiar todo tipo de animales vertebrados o invertebrados, con someros cambios. La ausencia del fotógrafo en el escenario de la toma facilita la misma, ya que de esta forma los agudos sentidos de algunos animales no podrán descubrir su presencia.

 

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La fotografía nocturna de paisaje
Las exposiciones de varios minutos o varias horas muestran una sorprendente cantidad de movimiento de los astros. Este movimiento crea interés y el desplazamiento de las estrellas puede ser previsto. Con la estrella Polar en cualquier parte de la imagen, observaremos cómo el resto de las estrellas dibujan círculos de luz alrededor de ella. Saber dónde está la estrella Polar debe ser prioritario para tomar fotografías nocturnas. De día, durante la localización, una brújula nos indicará la dirección norte mostrándonos el lugar en que podemos esperar que esté cuando llegue la noche. Podemos también decidir si la dejamos fuera del encuadre. Un encuadre que tenga la Polar alejada del mismo dará como resultado líneas de estrellas más largas. Para localizar la Polar de noche visualmente hay orientaciones sencillas que toman como referencia constelaciones como la Osa Mayor o bien Casiopea.
La luz que la Luna refleja está polarizada en proporciones variables. Nuestro satélite absorbe una de las dos vibraciones luminosas que le llegan desde el Sol, de forma que prevalece sólo la más intensa y está polarizada, como toda luz reflejada. La proporción de esta luz varía con el ángulo de la fase lunar. Alcanza su máximo en los cuartos lunares y queda anulada dos días antes y dos después de la luna llena.
Los tipos de resultados que podemos esperar en la fotografía nocturna de paisaje básicamente son:
* Exposiciones muy largas debido a la ausencia de luna, de más de una hora de duración.
* Exposiciones largas de un mínimo de 5 minutos, con recorrido de estrellas formando líneas semicirculares. La iluminación puede ser lunar, artificial o mezcla de ambas.
* Exposiciones crepusculares cortas con la Luna en el cielo.
* Exposiciones cortas al inicio de la noche, con o sin uso de flash, y estrellas formando puntos con cielo azul oscuro de fondo.
* Técnicas variadas como dobles exposiciones y efectos con flashes.
En una noche sin luna, se puede empezar la exposición tras el crepúsculo, lo que dará un cielo azul saturado y una silueta contrastada con el fondo. Si se empieza en oscuridad sin luna, la exposición necesita ser de un mínimo de tres horas para un fondo del recorrido de las estrellas y una silueta definida del paisaje, con un objetivo de 28 mm, película de 50 ISO y f/2'8. Salvo que haya polución lumínica de fondo, el cielo quedará esencialmente negro.
Una ventaja de fotografiar en una noche sin luna es que se puede empezar la exposición al anochecer y acabar al amanecer —un potencial de 8 a 10 horas—. Ello dependerá de la focal del objetivo utilizado, del diafragma y del tipo de película. La imagen resultante puede ser espectacular, con líneas de estrellas extendiéndose de horizonte a horizonte. Sin embargo, cuanto más larga es la exposición, más grano aparece en la imagen resultante y tendremos menor control sobre las dominantes de color.
Las imágenes de líneas de estrellas con un paisaje iluminado por la Luna resultan con un trayecto más corto, dependiendo de la luz lunar y del diafragma empleado. Sin embargo hay que cuidar la exposición para que no parezca totalmente de día o se sobreexpongan las claridades. También debemos saber que a diafragma más cerrado, menos estrellas aparecerán. Al cerrar el diafragma sólo las estrellas más brillantes impresionan la película y el efecto obtenido es menos espectacular. Por el contrario, diafragmas de f/1'4 ó f/2, por ejemplo, registran muchas estrellas, incluso las de brillo más débil. A simple vista también solemos ver muchas menos estrellas de lo que luego aparece en la imagen si la hemos tomado con un diafragma adecuado.
También hay que tener en cuenta que en invierno la Luna se eleva mucho más que el Sol en el horizonte y aquellos lugares que no reciben sol directo durante el día, debido a su orientación, es posible que reciban la luz de la Luna de noche. La Luna no padece las fluctuaciones estacionales en su órbita de la misma forma que el Sol, y se eleva muy alto en el horizonte incluso en pleno invierno.
Con luna creciente, es posible efectuar exposiciones de varias horas. Se necesita al menos una hora para que aparezca el color y detalle en el paisaje. Una exposición de 30 minutos a una hora funcionará con media luna. Un día o dos después de la media luna, las exposiciones descenderán entre 20 y 45 minutos. Los tres o cuatro días antes de la luna llena, las exposiciones de 10 a 20 minutos todavía tienen la suavidad de la noche y un cielo profundo de color azul saturado.

Exposiciones recomendadas para obtener líneas de estrellas con un objetivo de 28 mm y película de 50 ISO a f/2,8:

 

 

Exposiciones recomendadas para obtener líneas de estrellas con luna llena en función de la distancia focal del objetivo y con película de 50 ISO a f/2'8:

 

 

Algunos aspectos a tener en cuenta.
Los tiempos de exposición pueden variar mucho según las condiciones ambientales. No es lo mismo fotografiar en la cima del pico Urbión o en Ordesa, que en el Desierto de Tabernas, por ejemplo. De las partículas en suspensión, calima, leves nieblas y otras condiciones ambientales depende mucho el tiempo a compensar en cada toma. También varía considerablemente la exposición si la luz incide de forma lateral o bien en una toma a contraluz. La adición de luz de flash debe ser tenida también en cuenta y deberemos familiarizarnos en la forma en que afecta a la exposición y al efecto de su temperatura de color, que puede ser alterada mediante un simple filtrado con papel de celofán o filtros de resina.
Si utilizamos película de diferente sensibilidad, 100 ISO por ejemplo, las exposiciones se acortan a algo menos de la mitad del tiempo, ya que hay que compensar el factor de fallo de la reciprocidad.
Las exposiciones basadas en la luz de la luna únicamente suelen mostrar predominantes de color ligeramente tendentes al amarillo e incluso al verde en muchas de las marcas de película diapositiva que se comercializan. Con exposiciones de más de 20 minutos se obtiene un grano más apreciable y una dominante verde muy acusada. Las condiciones atmosféricas y luces artificiales parásitas afectan mucho a los colores resultantes dependiendo de su temperatura de color. Sus dominantes quedan muy exageradas dado lo prolongado de la exposición. De hecho muchos lugares fotogénicos de noche (iglesias, castillos, paisajes...) no permiten cierto tipo de fotografía nocturna al estar iluminados o al llegarles demasiada luz parásita. Los mejores lugares son aquellos aislados por completo de toda iluminación artificial. Allí podemos decidir con total libertad si basamos nuestra exposición en la luz de la luna o en una mezcla de luces, si nosotros aportamos la artificial.

Los objetivos de tipo gran angular -por debajo de un 50 mm- son más versátiles y de mayor uso que el resto, ya que permiten componer en horizontal y vertical incluyendo una buena porción de cielo. Debemos tener en cuenta que en las proximidades del horizonte no hay muchas estrellas brillantes. Sólo cuando se incluye en el encuadre cielo por encima de un ángulo de 10º podemos encontrar estrellas brillantes.

 

 

Para empezar a practicar con encuadres para fotografía nocturna podemos ubicar sujetos prominentes, como rocas o árboles, recortados en el cielo. Siempre es aconsejable fotografiar en contrapicado, ya que cuanto más hacia arriba encuadramos, más estrellas brillantes aparecen en el cielo. Al fotografiar a diafragmas muy abiertos debemos tener en cuenta que el objeto más cercano en el encuadre debe estar a varios metros según la focal del objetivo que utilicemos (2 metros para un 20 mm por ejemplo). Por ello debemos conocer la distancia hiperfocal de los objetivos que utilizamos a los diafragmas que solemos emplear.
Para componer de noche con escasa luz podemos ayudarnos con una linterna o con un flash, que nos permitirá verificar los ángulos del encuadre. Puede resultarnos muy útil cambiar también la pantalla de enfoque de nuestra cámara, si lo permite, por otra más luminosa. Las pantallas de enfoque para macrofotografía son bastante luminosas y también las comercializadas bajo la marca Beattie Intenscreen. Un nivel de burbuja ayudará a prevenir los horizontes demasiado inclinados, especialmente cuando aparece el mar en el encuadre, ya que su horizonte es recto y resulta muy evidente si está torcido.
Hay que prestar especial atención al aislamiento interior de la cámara ante la luz parásita que puede penetrar por el visor ocular y estropear la toma. Para testear que este aislamiento está en perfecto estado podemos probar a hacer una foto de día, con la cámara encuadrando el suelo y el visor expuesto a plena luz del sol. Una vez revelado podemos comprobar si la foto está bien expuesta o aparece velada. En el segundo caso podemos optar por llevarla al servicio técnico para que cambien la goma negra que rodea el ocular por dentro y lo aísla de la luz o bien hacer una tapa para la parte trasera. El uso de una tapa que cubra el ocular es muy recomendable aunque todo vaya bien, ya que en el momento en que se deteriore el aislamiento podremos seguir haciendo fotos.
Las condiciones de luz
La fotografía nocturna también se enfrenta a condiciones de luz imprevisibles, para las que apenas sirven las tablas o los textos. Únicamente la experiencia puede servir de referencia en estos casos y aún con ella será recomendable probar con exposiciones variadas. Las nieblas que se producen en los cauces de los ríos en las frías noches de helada son uno de estos casos. El resultado sólo es previsible en caso de nieblas que permanecen quietas en una determinada zona y que sólo cubren una parte del encuadre. El vapor de agua aparece como difuminado, restando contraste a aquellas partes del encuadre a las que afecta.
Una tormenta presenta también condiciones de luz muy variables que dependen de la cadencia de los relámpagos y de su intensidad. Las condiciones de trabajo suelen ser duras salvo que tengamos la suerte de estar a salvo de la lluvia, bien por estar a cubierto o bien por estar fuera de su acción. De lo contrario el agua y el viento nos harán padecer por el resultado y por el equipo. Un toldo de plástico nos servirá para ponernos a resguardo utilizando como anclaje el techo de nuestro vehículo o algunos árboles próximos. El propio vehículo no ofrece garantía alguna para la toma de fotografías, ya que se mueve demasiado con nuestra presencia o con cualquier ráfaga de aire. Para fotografiar en las tormentas nos será muy útil un trípode robusto. En el breve tiempo que dura un relámpago debemos ser capaces de encuadrar y mientras la cámara expone la película hay que calcular la luz que se va sumando para decidir cuándo llega el momento de cerrar el obturador. Una considerable ayuda la encontramos en cámaras con sistemas de medición en tiempo real. Por último, no olvidemos respetar las medidas de seguridad oportunas.
La nieve plantea, ¡cómo no!, sus propios problemas para la realización de fotografías nocturnas. Los accesos suelen ser difíciles por carretera debido al corte de ciertos tramos si la nevada es muy reciente y hay que estar provisto de cadenas para el vehículo. Si éste es un todoterreno tendremos más probabilidades de acceder a lugares donde un turismo no llega. Una vez en la localización, es probable que tengamos que enfrentarnos a espesores por encima del medio metro de nieve, para lo que debemos emplear un calzado especial, polainas y, a ser posible, raquetas si la nieve está todavía blanda. La presencia de placas de hielo requiere el uso de crampones y dificulta cualquier marcha, a la vez que añade cierta peligrosidad. El frío es un oponente serio y nunca es cómodo trabajar a temperaturas bajo cero, ni siquiera bien equipados. En estas condiciones los aislantes para las patas de los trípodes procuran un tacto agradable y previenen el que la piel se quede pegada a ellos por el frío, lo cual es muy doloroso. Para los paisajes con poca nieve en el encuadre podemos emplear las tablas convencionales de exposición. Si la nieve está muy extendida y ocupa la mayor parte del encuadre hay que acortar la exposición.
Sirva de ejemplo de cómo la nieve afecta a las tablas de tiempos, tomemos un 28 mm a f/2'8, con película de 50 ISO. Para obtener detalle en la nieve, que ocupa todo el encuadre, junto con otros elementos del paisaje, deberemos exponer la película un tiempo inferior a 4 minutos, en lugar de los 6 a 8 minutos recomendados para luna llena y sin nieve. La nieve actúa como un reflector y multiplica la luz de luna, además de exigir una reducción en los tiempos de exposición para obtener detalle en su color blanco, tal y como sucede de día.
© José Benito Ruiz
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