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"En la Patagonia, la mente y el corazón van en paralelo"

Fotografías: © Jasmine Rossi / www.jasminerossi.com
Texto: Belén Etchegaray
(Recopilación Revistas "Nueva" y "Noticias")

Durante varios años, la fotógrafa Jasmine Rossi, manejó, caminó, buceó y cabalgó en el sur argentino y chileno. Recorrió más de 16 mil kilómetros y sacó 40 mil fotos.
Suiza por nacimiento, casi nunca vivió allí. Estuvo 9 años en España, 7 en Italia, 9 en Londres, 4 en Alemania y también en Francia, Austria y Nueva York. Trabajó en el Parlamento Europeo esperando su oportunidad para trabajar como periodista gráfica en el Financial Times y The Economic en Londres donde realizó un Master; al mismo tiempo, estaba con otro libro: un diccionario sobre la Unión Europea, además de preparar su tesis. Se pasaba días enteros delante de la computadora, y es así como sufrió una inflamación crónica de los tendones de las manos. Finalmente y a la fuerza dejó la realización de los dos libros y se tomó un año sabático, decidiendo que quería estar en contacto con la naturaleza. Fue entonces cuando comenzó a viajar por Sudamérica en búsqueda del sentido sobre el mundo.
"La vida urbana te pone duro. Ves cosas lindas, pero tu corazón no las siente"

Viajó durante nueve meses por Venezuela, Chile, Brasil y Uruguay... y sin pensarlo, comenzó a sacar fotos con una cámara autofoco, con la que logró algunas tomas interesantes.
De Uruguay, se fue a Mendoza donde un muchacho le comentó que se iba a Península Valdés. Fue cuando recordó que había visto un documental sobre la técnica que usaban las orcas para atrapar lobos marinos y sin dudar Jasmine le dijo "Voy contigo".
Su viaje inicial era por cuatro días, pero se quedó dos semanas. Impactada por la fauna y la vida silvestre, volvió a Londres y mostró sus fotos a algunos fotógrafos preguntándoles si tenía talento o no. Todos le contestaron que tenía buen ojo.

A partir de entonces, comenzó a comprar todas las revistas y libros de fotografía, nutriéndose del material adquirido, para volver a Puerto Madryn, y allí tomar gran cantidad de fotos. De ese trabajo nació su primer librol "La Patagonia sobre el mar".

El cambio de vivir del centro de Londres a vivir entre los animales, le cambió la vida. "En Inglaterra estaba a mil, siempre apurada, con horarios locos. Y si veía un lindo atardecer, mi mente me lo decía, pero mi corazón no lo sentía.
En la Patagonia, la mente y el corazón van en paralelo. Es como volver a las raíces, eso es lo que me enamoró. Porque la Patagonia no son sólo los circuitos turísticos. Es lo salvaje, el frío, el viento, el horizonte, las montañas, la poca gente, es sentir que estás en el fin del mundo, que sos una de las primeras personas en pisar esa tierra.
Me acuerdo de un puestero, un hombre mayor con quien celebré una Navidad. Nunca había salido de ahí y no tenía ganas, estaba completamente feliz con su caballo, su mate, sus perros, su vida. Se levantaba a las cinco menos cuatro, recorría su zona, escuchaba la radio y no precisaba nada más. Decía cosas tan inteligentes que parecía que había estudiado filosofía y, sin embargo, era un señor de lo más simple. '¿Qué más necesito yo?' preguntaba. Quizá me impactó porque decía algo que yo también sentía."



Algunas experiencias inolvidables

Bucear en el Canal de Beagle le pareció una idea tentadora. Treparse a un pequeño témpano para tomar una buena imagen, también. Pero la corriente era tan fuerte que la arrastró; quedó rodeada de otros témpanos de mayor envergadura y sus compañeros de expedición desde el velero, no la veían. Parada sobre su embarcación de hielo blanco, agitaba con sus brazos las patas de rana violetas con la ilusión de que la detectaran. La rescataron después de navegar varios kilómetros a la deriva.

En otra oportunidad nadaba en el Golfo de San José cuando se acercó el primer delfín. No era como Flippper; su tono era más oscuro y con el hocico parecido al de un tiburón, con el que empujaba un manojo de algas. Se acercó hasta ella, lo soltó y emitió un chirrido. Jasmine lo agarró y lo tiró lo más lejos que pudo. El delfín soltó otro chirrido, fue a buscar las algas y volvió a dejarlas en sus manos. Otros lo imitaron y ella pasó un buen rato jugando en el mar.



Manejaba su 4 x 4 por una ruta de ripio en Santa Cruz cuando la encandilaron las dunas que se erigían a la derecha de la carretera. Eran tan bonitas que detuvo la marcha, dejó la camioneta y cargó la mochila con el equipo fotográfico. Caminó una hora y media hasta llegar a la primera mole de arena. Se arrodilló para sacar la cámara cuando observó, nítida, perfecta, la huella de un puma. Se preguntó si la estaría mirando, lo imaginó relamiéndose y por un segundo se paralizó de temor. Decidió emprender la retirada, la vista clavada al frente, sin girar la cabeza hacia los costados. "Si lo veo me muero de miedo antes de que me ataque", pensaba.
De regreso se perdió. No encontró el arbustito que había tomado como referencia. Después de dar varias vueltas en redondo, se iluminó: la duna más alta siempre debía estar a sus espaldas, en línea recta. Así halló la camioneta.

Una noche, en la Isla de los Estados, las ráfagas de viento eran tan poderosas que arrancaron al velero de su anclaje y lo hicieron chocar contra las rocas. La pequeña nave estuvo a punto de hundirse varias veces, y ella y sus acompañantes en la travesía sabían que en ese caso hubieran muerto congelados. Pero la tormenta pasó, y todos pudieron contar el cuento.

Los relatados, son apenas cuatro episodios de una aventura que duró varios años en los que manejó miles de kilómetros a través de la Patagonia. Un territorio de un millón de kilómetros cuadrados, el doble que California y donde Suiza entra veinticinco veces, inmenso y deslumbrante, agreste y desolado, con una de las densidades de población más bajas del mundo: un promedio de apenas dos habitantes por kilómetro cuadrado. Durante sus primeros 36 meses, Jasmine Rossi sacó cuarenta mil fotografías buscando lo puro. "El mundo se está destruyendo y yo trato de encontrar lo real. Cuando estoy en esos lugares tan vírgenes, siento que estoy retratando un Edén que ya se está perdiendo. No siento que pueda salvar ese lugar, pero rescato su imagen. Los lugares lindos van a verse siempre bien. Puede ir mi madre con su cámara y sacar una linda foto. Pero no se trata de eso, sino de tomarse el tiempo de estar en el lugar, morirse de frío, o de calor, o de hambre, para captar un momento mágico. Si bien he logrado dos o tres fotos que me gustan mucho, la foto perfecta es aquella que fue difícil de sacar y finalmente salio bien. No se puede volver a un lugar y decir "quiero sacar lo que vi ayer", son momentos que pasan y nunca se repiten. Eso es lo lindo de la vida: las cosas no se dan siempre igual".

En sus libros aparecen citas de viajeros con las que ella eligió acompañar las fotos. Una de sus predilectas es de Lady Florencia Dixie, la primera extranjera en integrar una expedición a la Patagonia, en 1878: "Lo elegí precisamente porque era un lugar tan extravagante y tan lejano. Cansada por el momento de la civilización y sus alrededores quería huir a alguna parte donde pudiera estar lo más lejos posible". Y agrega Jasmine: "No ha cambiado nada".

Pero también la conmueve la definición del glaciólogo alemán Rodolfo Hauthal, el primero en estudiar el glaciar Perito Moreno: "Sólo puedo reproducir balbuceando lo que pasa por mi alma como una vibración... es una sensación pura, un sentimiento, por decir así, inmediato de lo infinito, eterno, de lo divino". O la de Lionel Terray, el primero en hacer cumbre en el Fitz Roy, en 1952: "Cuando en la tranquilidad y el calor de mi hogar dejo vagabundear mi espíritu, en el recuerdo de tantas imágenes y aventuras, los picos de la Patagonia se me aparecen tan irreales, tan fabulosamente esbeltos, que parece que estas imágenes hayan salido de un loco sueño."

Acostumbrada a dar charlas sobre la Patagonia, Jasmine tiene su propia frase cuando le piden una definición rápida: "Un territorio virgen, vasto, demasiado fuerte para tus sentidos. Soy una chica de ciudad transplantada a otro mundo
superándome a mi misma y a mis propios miedos.""

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